31 agosto 2016

LA LITERATURA DE SAGAS Y LA AFICION A LA LECTURA Por Saúl Sánchez Toro





Algunos Críticos se quejan de la ausencia de los escolares en las bibliotecas o en librerías, leyendo o comprando libros de autores clásicos o al menos de renombre literario, prolíficos, destacados, premios nobel.  Y algunos padres de familia hacen lo mismo al lamentar que sus hijos solo leen libros de sagas o literatura “barata”, “noveluchas”, autores desconocidos o muy conocidos pero que escriben para el pueblo, el vulgo.

Sin embargo, haciendo recorridos retrospectivos encontramos que muchos de los afamados  cultores de las letras se iniciaron leyendo este tipo de “literatura”.

Para no ir muy lejos, recordemos que Don Miguel de Cervantes Saavedra influenciado por la literatura caballeresca o Libros de caballería, que en su época fueron severamente censurados y considerados “absurdos, tediosos e inverosímiles”,  (tal como el Amadis de Gaula o  los poemas caballerescos de Ludovico Ariosto que tanto le gustaban a Cervantes) y que lo impulsaron a escribir un libro como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en donde un hidalgo se vuelve loco por leer libros de caballería, son el ejemplo clásico de la contribución de la lectura en la producción literaria o en la creación de escritores.

Autores como Isabel Alende, la sueca Selma Lagerlôf (nobel de literatura 1909) y Jorge Luis Borges (nominado 30 veces al premio Nobel), confiesan que su literatura se inició leyendo sagas. (Borges dijo que se leyó la Volsunga Saga traducida al inglés por William Morris y que esta lo impactó e influenció).

También ha habido autores que manifiestan haber sido influenciados por los libros de Juglaría (Cantar del Mio Cid, La Leyenda de los Infantes de Lara, El cantar de Roldán,  El Cerco de Zamora) o por los libros de Clerecía (Libro del Buen amor del Arcipreste de Hita, Libro de Apolonio, Libro de Alexandre), que en su época eran destacadas sagas.

Muchos autores latinos modernos han confesado que se iniciaron leyendo sagas de piratas como las del escritor italiano Emilio Salgari (1862-1911), (Sandokan, El Corsario Negro,  Los Tigres de Malasia o  Tigres de Mompracem) . Daniel Samper Pizano, dice, por ejemplo de Salgari, que” Él me guió por mapas abstrusos y me presentó gentes cuyo recuerdo permanece aún conmigo”. En 1940, Gabriel García Márquez confesó que le encantaban los libros de Salgari y los de Mosqueteros de Alejandro Dumas.
Vargas Llosa nos cuenta que “El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari”.

Y es que muchos escritores  se iniciaron en la letras, devorando sagas y  comics como  Las aventuras de Tarzán, Supermán, Batmán, Dick Tracy, El Fantasma, Kaliman,  Mandrake el mago, El Santo, El Llanero Solitario,  Red Ryder  y Hopalong Cassidy. Este tipo de lectura, enseñó a la juventud de la época, a mantener continuidad en el texto, expectativa en la historia, aprender léxico y gramática pero, ante todo, afición por la historia que se narraba, es decir apego a la lectura. Así mismo crearon nudos o ataduras con sus lectores lo que permitió el nacimiento de nuevos autores, escritores que son los que actualmente leemos.

Otros literatos, confiesan haberse dejado impactar por la saga rosa de Doña María del Socorro Tellado López, más conocida como Corín Tellado y cuya obra, calificada por muchos como subliteraria, es la tercera más vendida, en lengua española, después de la Biblia y del Quijote de Cervantes.

La escritora Andrea Saga (autora de la saga “Potenkiah”, ) dice: “yo creo que ningún libro que abra las puertas de la lectura a los jóvenes y los convierta en libro adictos, es un mal libro” … “Ese libro es el que a lo mejor lo convierte en un lector que diga ‘quiero más’, y de ahí se va a pasar a otro y a otro más”, indicó.
Christopher Paolini, un brillante  joven  que a sus 15 años, debido a su precocidad, tuvo que ser educado en casa,  por su madre,  después de haber leído innumerables sagas, decidió escribir su propia saga, un libro sobre dragones que hoy conforman la saga llamada el “Legado” (Las aventuras de Eragon), una de las más compradas y leídas  por los jóvenes de los EEUU,  a tal grado que fue recientemente Betseller en New York.

Las sagas que más impactan las mentes de los jóvenes modernos, son “El señor de los anillos” (J.R.R. Tolkien), “Canción de hielo y fuego” (George R.R. Martin), “La Rueda del Tiempo (Robert Jordan), “Harry Potter” (J.K. Rowling), “Crónicas de Conan” (Robert E. Howard); “Crónicas de Narnia” (C.S. Lewis), Juego de Tronos” (George R.R. Martin), “Terramar” (Ursula K. Le Guin) y “Los juegos del Hambre” (Suzanne Collins), por citar tan solo algunas y son las que  hacen fantasear a millones de mentes ávidas de aventura y de creatividad y de las cuales saldrán los escritores del futuro.

En Colombia, en la década de los sesenta y hasta los 80, un atrevido escritor caleño de nombre Hernán Hoyos escandalizó al país con una saga de libros impresas en editoriales clandestinas,  expendio callejero,  de excesivo corte popular y con un alto contenido erótico, que fueron prohibidos en colegios, escuelas y universidades y fueron catalogados por la crítica literaria como panfletarios, populares, es decir de poco valor,   lo que ocasionó que se volvieran atractivas y mucho más leídas. Todas sus ediciones se agotaron. Igual sucedió con el escritor José María Vargas Vila cuyas obras de alto contenido anticlerical y erótico fueron vetadas por la iglesia y los moralistas de la época, lo que las hizo celebres. “Vargas Vila pasó a ser un autor prohibido por las instituciones religiosas, educativas y políticas. Leerlo se consideraba un pecado, pero no hubo joven en el mundo hispano que no se iniciara sexualmente con sus novelas eróticas, como tampoco hubo joven romántica que no sucumbiera a la tentación de leerlo “…“Autores como Ramón del Valle Inclán, Francisco Villaespesa y Pompeyo Gener, elogiaron su incendiaria y vibrante prosa, ya que contó con el aprecio y el respecto de las más grandes figuras del Modernismo: José Martí, Rubén Darío, José Enrique Rodó, Rufino Blanco Fombona y Manuel Ugarte, entre otros. Además, la posteridad no lo trató tan mal. Ante la fuerza de su verbo y de su carácter se rindieron figuras clave como Pablo Neruda y Gabriela Mistral”.

Dado su grado de aprehensión, los jóvenes aficionados a la lectura, buscan textos en los cuales analizan: cómo han sido preparados los argumentos, las ideas centrales y generales y sobre todo las estructuras ideológicas y gramaticales. Si estas no están bien definidas, medulares, con seguridad no pasan del primer capítulo.

Por eso a los jóvenes hay que dejarlos que lean lo que les motiva, lo que quieren, lo que los estimula. Tratar de imponerle los libros que ha leído el docente, o los que éste considere que son los más adecuados, sería castrarles la lectura, que es una acción o proceso bien difícil de tener y mantener  en una persona.




BIBLIOGRAFIA